La hermandad existencial para mejorar la sociedad

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Estamos en un mundo donde el concepto de la globalización se ha impuesto, generando nuevos modelos, las modificaciones en los fundamentos culturales y sobre todas las actitudes vitales distintas frente a los nuevos acontecimientos. Vivimos en un mundo donde los valores líquidos, la hiperconectividad y la incertidumbre son el paradigma que gobierna la manera de responder y actuar de las personas.

A pesar de conocer las realidades globales, esto nos permite conocer la existencia de realidades muy distintas en gran parte del mundo. Después de algunos años anclados en la globalización, los fenómenos como la deslocalización, la conectividad, el desequilibrio y la disparidad, han producido una reacción hacia la localización. Los resultados han sido originados por personas que han generado una red local fuerte y solida que ayuda a construir y consolidar grupos y sociedades en el ámbito local. Uno de los retos actuales es cómo enlazar las dos redes, por un lado las grandes empresas multinacionales globales y por otro, el conjunto de proyectos locales.

Es inherente a la persona mirar su realidad, desde la voluntad de evolucionar y crecer en todos los ámbitos del ser. La situación de la vida profesional, la posibilidad de un desplazamiento geográfico por todos los motivos o la Volatilidad en nuestras relaciones. Todas las partes son las que configuran esta sociedad, llamada líquida en donde nos movemos.

Podríamos seguir enumerar un listado de aspectos que han cambiado conscientemente o inconscientemente en la realidad de cada individuo. Pero existe una máxima en las personas, y la voluntad de avanzar hacia delante, de dar nuevos pasos, a menudo sin saber hacia dónde, pero sigue existiendo una curiosidad innata en el hombre.

Quizás a esta altura, deberíamos preguntarnos hacia dónde están dirigidas estas inquietudes?

La visión de la consulta dejar un mundo mejor de lo que hemos encontrado cubre las expectativas de nuestras inquietudes. Es verdad que dentro de este nuevo paradigma de la innovación se ha incrementado con mucha fuerza, la voluntad de un mundo mejor, como la posibilidad de encontrar el bien común.

¿Dónde cimentamos nuestro trabajo por el bien común?

El primer polar que encontramos es la evidencia de existir. Todo el hombre y la mujer comparten la existencia, el ser, y el solo hecho de existir, es suficiente para poder trabajar, a pesar de la diversidad cultural, racial, lingüística, por el bien común de las personas, los grupos y las sociedades . Este bien común nos informa sobre el otro, nos facilitamos la generación de vínculos personales, con las personas que se comparan con la existencia. Estos vínculos son generadores de compromiso corresponsables de las realidades que vivimos.

Un segundo aspecto que puede reforzar este esfuerzo por el bien común, es la actitud vital de cada individuo frente a la realidad. Podemos vivir desde una resignación, pasar por estar en una realidad no deseada, hasta por el contrario vivir desde la oportunidad de existir y compartir con otras personas, para poder hacer realidad todo lo que se tiene en cuenta. Aquí es donde no podemos eludir nuestra responsabilidad personal, en el compromiso de decir sí o no a vivir en profundidad la hermandad existencial, y por tanto comprometernos con aquello que somos y vivimos, o bien dejemos pasar esta oportunidad sin ser corresponsable con lo que nos ha tocado vivir.

Nacidos en la gratuidad, sin embargo, no han sido mejorados, sino también con la capacidad de actuar de manera correspondiente con la realidad individual, y morimos cuando menos lo deseamos. Con nuestra actitud vital, definir como hemos entendido esta realidad limitada y maravillosa del hombre. De nosotros dependerá que esta hermandad existencial sea una oportunidad para mejorar nuestra sociedad primando el bien común.

Publicado en  PliegoTante

y en Universitas Albertiana

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